el viaje de una estrella

En los acontecimientos importantes, parecería que todo el mundo, hasta la naturaleza, participan. Nada ni nadie quiere permanecer ajeno a lo que ocurre. Fue así que, en el cielo, las estrellas decidieron participar en la fiesta del nacimiento de Jesús. Querían presenciar ese momento en que Dios, el más grande, se haría un niño y nacería en medio de la gente, en ese pequeño mundo perdido en un extremo de la Vía Láctea.

Una galaxia entre miles de miles, un pequeño punto en el universo. Ahí, en la tierra, un remoto paraje olvidado hasta por sus gobernantes, nacería Dios.
No era cosa de perdérselo. Las estrellas se preparaban para estar presentes esa noche. Entre ellas, había una que, además de curiosa, era muy generosa y pensó que sería bueno avisarle a la gente que iba a ocurrir algo que cambiaría la vida y la historia.

Por eso, decidió que debía brillar más que las otras para que los hombres, al verla, descubrieran la proximidad de un acontecimiento importante.
Respiró profundamente y comenzó a brillar con más fuerza. Lo que no sabía era que eso acorta la vida de las estrellas.

Una de sus vecinas le advirtió que así se agotaría rápidamente su combustible y se apagaría para siempre.
Pero a la estrella no le importó, porque quería compartir su alegría con los demás. Sin embargo, en la tierra, nadie parecía darse cuenta del sacrificio que ella estaba haciendo.

Entonces, comenzó a moverse por el cielo para buscar a alguien que le prestara atención.
—No te vayas tan lejos; si alguien te ve, no va a hacer tremendo viaje hasta donde nazca Dios —le decían sus amigas, que no querían que ella perdiera la vida en una misión imposible.
Pero ella no se daba por vencida. Alguien tenía que verla.
Y así fue.
Cuando ya casi había agotado sus fuerzas, tres hombres que acostumbraban mirar el cielo descubrieron que algo raro pasaba.
Vieron que eso no era común, que esa estrella estaba brillando y que se movía de una forma extraña.
—Vamos tras ella —dijeron sus amigos.
Sin embargo, pocos los siguieron, porque opinaban que no podían irse a otras tierras siguiendo a una estrella. Y se reían de ellos.
Cuando la estrella vio los preparativos para el viaje de estos sabios, los condujo, con sus últimas fuerzas, hasta el pesebre de Belén.
Allí, sus amigas la vieron brillar por última vez, frente a un pequeño niño y quedar en la memoria de la humanidad.


Para la reflexión personal y grupal

-¿Qué reflexión nos merece la historia de aquella estrella?

-¿Qué la habrá motivado a tomar esa actitud, a pesar de saber que, brillando con más intensidad, agotaría su vida útil?

-¿Qué tipo de comentarios y advertencias recibió de parte de las otras estrellas?
¿Y cuál fue su reacción ante ellos?

-Si la estrella irradiaba tanta luz, habrá sido vista por muchos hombres, pero ¿por qué la habrán seguido sólo aquellos tres que describe el cuento?

-¿Cuál fue el final de la estrella? ¿De qué manera la seguimos recordando hoy, y por qué?

-Compartamos el mensaje que nos ha dejado este relato. Apliquémoslo a nuestra propia vida.

-¿Somos capaces de obrar de modo similar a la estrella de nuestra historia? ¿Qué deberíamos hacer para lograrlo? ¿Con qué ejemplos concretos podemos testimoniar al Emmanuel en nuestra comunidad, familia, trabajo, etc.?

-Analicemos cómo estamos viviendo este Adviento, si debemos mejorar, personal y/o grupalmente, algún aspecto en particular, etc. A partir de ello, propongámonos un compromiso para ser verdaderos anunciadores de la llegada del Salvador.

"La Hojita de los niños (nº 752, 3 de diciembre de 2006, SAN PABLO)"

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