Es una oportunidad para empezar a vivir cuarenta días de gracia: para ser más conscientes de la compañía de Dios y renunciar a la soledad del vacío, para vivir de forma más auténtica y renunciar a vidas de cartón, para sentarse y dejar de correr, reposar y descansar en Él, observar y renunciar a imágenes prefabricadas, encontrarse con la comunidad y renunciar al egoísmo, revisar la vida y no seguirla “como sea”, desprenderse de lo innecesario para llenarse de lo fundamental, lo que llena, el agua que sacia y quita la sed. Para dedicar unos minutos al encuentro sereno y transformador con Dios, nosotros mismos, nuestros prójimos y renunciar a desencontrarnos, perdernos, ignorarnos. Para convertirnos y creer en el Evangelio de la vida que brota, se desarrolla, se entrega, muere y renace eternamente, en la Pasión, muerte y resurrección de Jesús y nosotros con Él. Alimentarnos de su vida y sangre y ayunar de “comida rápida de microondas” que no nutre, alegrarnos de su compañía en lo que nos rodea y los que nos rodean y renunciar a la soledad de la autosuficiencia.
Y tú, ¿cómo quieres vivir estos cuarenta días de gracia?
No hay comentarios:
Publicar un comentario